Frente a esas miradas teleológicas y simplificadoras de los procesos históricos, las investigaciones más recientes sobre el período muestran un panorama mucho más heterogéneo, marcado por diferentes etapas, regiones y escenarios en los que se desenvolvieron los sucesivos ensayos de organización institucional del poder y de construcción de la autoridad política. Las nuevas perspectivas proponen pensar las alternativas de la vida política en el transcurso del siglo como una historia sinuosa y conflictiva, atravesada por contiendas, proyectos divergentes, experimentos exitosos y otros fallidos. Los cambios políticos se entienden, en ese marco, como el resultado de la combinación entre condicionamientos estructurales, fuerzas coyunturales y factores contingentes de cada momento. Asimismo, se analiza la dinámica política atendiendo tanto a las acciones individuales de determinados actores como a los movimientos colectivos en los que participaban amplios sectores de la población. El foco está puesto, al respecto, en los mecanismos de acceso, ejercicio y convalidación del poder político que se instrumentaron a lo largo del tiempo, así como en las coordenadas prácticas y simbólicas que informaban la interacción entre gobernantes y gobernados. La renovación historiográfica ha planteado interrogantes novedosos, ha abierto múltiples temas para la indagación y, si bien ya no se ofrecen visiones globales ni explicaciones totalizantes, en conjunto los nuevos estudios revelan la densidad y la complejidad de la vida política decimonónica.